Alzó su copa y bebió, intercalándola con el tabaco, en vías de extinción, le gustaba beber solitaria en las barras aunque sus amigos estuvieran cerca, le daba la sensación de poder escrutarlo todo, de situarse en una atalaya desde la cual contemplaba la fauna cercana. Miró a un chico que estaba a su lado escrutando a la camarera, ella buscó sus ojos, pero fue en vano, su atención no parecía ser correspondida, le dolió ligeramente en su orgullo de alcohólica. Dani, le llamaron sus compañeros, Dani… Se giraron ambos, en el barullo de personas, los gritos y el alcohol derramado, se presentó: Hola, me llamo Marta y mi amiga Sonia quiere conocerte. Él la observó desconcertado, sus pantalones medio rotos, la camiseta de un grupo de música que gracilmente abrazada a su pecho. Estoy con mis amigos. Seca respuesta. Y yo con los míos. Búsqueda. ¿Quién es? Preguntó mientras localizaba a sus amigos en busca de apoyo. Uno alto se acercó, colgando su mano por encima del hombro. ¿Ya ligando?. Quería presentarle a una amiga, es esa de allí; alzó el índice hacia la nada del fondo. Espera que la busco.
No buscó a nadie, ya no hacía falta, había ahondado lo suficiente cómo para perder el interés rápido, cruzar unas cuantas palabras y esfumarse la magia. Se apoyó contra la pared sucia, esperando en los lavabos, quería mear y vomitar tal vez. Las neuronas daban vueltas fugaces, alguien tocó su mano. ¿Tch, lo de siempre? Giró su cara, Dani. No sé por qué narices tengo que fingir que te quiero presentar a una amiga para que vengas atrás. Y vaya capullo tu amigo, yo que pensaba que había alguno interesante entre los de tu equipo.